Ubicado a cinco cuadras al noroeste del viejo barrio del Sagrario, Muchirí estaba poblado por gente que vivía de la reventa de los productos que llegaban de la banda de río Piraí, de lugares como el Urubó, La Sama, Chaco, La Paliza y Terebinto, entre otros.
En sus inicios, el barrio estaba conformado por tres casas, cuyos habitantes eran peones de las temporales moliendas norteñas. El lugar era el dominio laboral del Negro Leandro, el más famoso hacedor de trapiches.
También estaban allí las lavanderas, que eran las encargadas de hacer blanquear las ropas de los clientes, con el jabón de lejía. Para ese trabajo usaban las hojas de balsaminas, que machacadas hacían las veces de los mejores jabones de la época.
En las postrimerías del siglo XIX, Muchirí ingresa con fuerza a la vida activa del pueblo. Su rápido crecimiento y sus construcciones interiores rústicas continuaron. Entre los personajes de esa época figuran el peluquero Tolentino Ávila; y Don Cornelio Rocha, famoso matapuerco, hábil en la preparación de la patasca, asaditos y chicharrones.
También está doña Bailona Hurtado, experta en el acabado de las buenas monturas, riendas y azoteras. La patasquera más concurrida y visitada de Muchirí fue doña Manuela Mercado, con la fonda de media noche y amaneceres.
Foto: La calle Seoane, esquina 21 de mayo. En esta zona se formó el barrio Muchirí.
