Origen: Santa Cruz
La Casa Santa es una vivienda aparentemente embrujada ubicada entre las calles Charcas y Campero, en la zona de Los Pozos. Se cree que el lugar -apenas terminado de construir- fue tomado por espíritus malignos.
Los propietarios dejaron el lugar y lo alquilaron a otros vivientes, que más tardaban en instalarse en la nueva vivienda que en salir espantados por los espíritus que ahí moraban.
La Casa Santa ganó fama de vivienda fantasmagórica, porque aparentemente habitaban ahí espíritus malignos, que asustaban a vivientes, curiosos y caminantes que pasaban por su acera. Esto se relata en el libro ‘Tradiciones, Leyendas y Casos de Santa Cruz’, de Hernando Sanabria Fernández.
La fama de la Casa Santa creció con la llegada de un explorador inglés que, junto a su ayudante de equipaje, llegó a hospedarse ahí, buscando huir del bullicio del hotel del pueblo. Él se quedó en el cuarto sobre la calle y su acompañante en la parte de atrás. Una vez instalados, el extranjero se acostó en su hamaca, pero apenas apagó la luz escuchó ruidos extraños, como un libro volando por los aires que se estrelló con la pared o una mesa levantada y golpeada contra el piso con violencia. Pero, cuando volvía a encender la luz, todo seguía en su lugar.
Resulta que el extranjero era el coronel Percy H. Fawcett del Ejército inglés que, tras retirarse, llegó a América como explorador y a su paso por Bolivia fue contratado por el Gobierno para la demarcación de la frontera con Brasil.
En la segunda noche, resulta que el ayudante se fue a dormir a la misma habitación donde estaba Fawcett y, tras apagar la luz, los ruidos continuaron. Se oían unas palomas que volaban o que un anciano agonizante se arrastraba por el piso. Se encendía la luz y todo volvía a la normalidad. Nuevamente intentaron dormir y otra vez, con violencia, se escucharon ruidos y golpes en las puertas y paredes, a lo que el hombre se levantó y salió corriendo sin rumbo.
A la mañana siguiente, Fawcett se mudó a otro lugar y continuó con su trabajo para luego marcharse del poblado.
Los propietarios, al no encontrar nadie más que quiera alquilar para vivir en el lugar, convocaron al obispo D. José Belisario Santistevan para que bendiga el lugar y expulse a los espíritus. Finalmente, esto tuvo efecto y la paz volvió a aquella casa que de santa solo tenía el nombre.
