El trompo fue uno de los juegos favoritos en los recreos de la escuela, en las plazas y en las calles de Santa Cruz de antaño.
Consiste en un pedazo de madera tallada (forma de pera invertida), con un extremo agudo donde se coloca un clavo sobre el que girará (o bailará). Con un cordel se envuelve por el contorno del trompo y un otro extremo se ata a un dedo de la mano, para lanzarlo al piso y hacerlo girar.
Cuando giraba a la perfección, los aficionados decían que estaba ‘seda’ (haciendo alusión a lo suave como una seda). Pero, al contrario, cuando un trompo era inestable al girar, estaba ‘cucarro’, de acuerdo con el relato del portal soysantacruz.com.bo.
Los niños y jóvenes preferían los trompos de guayacán, tajibo, corazón de naranjo u otra madera dura y pesada.
